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Cuanto peor mejor

Acerca de la inflexibilidad electoral como estrategia aceleracionista

Cuanto peor mejor Acerca de la inflexibilidad electoral como estrategia aceleracionista Economía Política España Izquierda Elecciones Encuestas Lucien Vargas Giagnocavo

A photograph of Julio Anguita raising his fist up.
Fuente: El País.

Hace unas semanas, tuve el placer de compartir una estupenda cena de Navidad en un piso de estudiantes en Madrid. La combinación de personas era un tanto inédita, pues los invitados debían de salirse de la burbuja social de las anfitrionas. Todo iba bien, pero no podía irme sin aguar un poquito la fiesta: tuve una conversación respetuosa e intensa de política con otro invitado que me cayó bastante bien.

Sabiendo que los presentes eran de izquierdas y jóvenes, decidí hacer una mini-encuesta electoral, en un grupo diverso en cuanto a género, orientación sexual, disciplinas de estudio y comunidad autónoma de procedencia. Casi nadie tenía pensado votar. Las razones se resumían en la sensación, a mi juicio bien justificada, de que la legislatura está siendo insuficientemente progresista.

Además, el que debatía conmigo —llamémoslo Pablo— defendía que había que dejar caer el gobierno, para que desde la oposición surja una izquierda más valiente, que recupere como objetivo el reemplazo del capitalismo. Sin ánimo de debatir si la izquierda institucional debe volver al marxismo, quiero ofrecer una perspectiva de estrategia electoral, que tal vez os parezca útil a la hora de enjuiciar la idea de Pablo.

El modelo de Downs (1953) para España

Es difícil ponernos de acuerdo cuando partimos de supuestos distintos. Para estar en la misma página, sería útil establecer un modelo razonable a partir de supuestos plausibles y simplificadores que nos permita evaluar escenarios electorales. Así, nos aseguramos que las conclusiones expuestas son una consecuencia directa de los supuestos adoptados. Ahora bien, ¿con qué supuestos podemos simplificar el modus operandi de los partidos políticos? ¿Y él de los votantes? ¿Cuál es la distribución ideológica de los votantes en España?

Partidos políticos: Si hay un sentimiento presente en buena parte de las democracias occidentales, es la desafección política y la concepción de que los partidos operan como superestructuras amorales que buscan maximizar sus cuotas electorales (Adams, 2012; Adams et al., 2004; Erikson et al., 2002; Megías & Moreno, 2024; Stimson et al., 1995). Pues asumamos justo eso, que los partidos son empresas que maximizan su cuota electoral dada una distribución ideológica de votantes.

Votantes: Asumir cómo se comportan los votantes es más complicado. Tan sólo hace falta entrevistar a cualquiera por la calle y preguntarle sobre política, para darte cuenta que las actitudes electorales individuales son un misterio. Aún así, en términos agregados parece razonable suponer que los votantes votan al partido más cercano ideológicamente, si bien se abstienen si ningún partido está lo suficientemente cerca.

Distribución ideológica: Sólo nos queda asumir la distribución ideológica de los votantes en España. Afortunadamente, el CIS recoge periódicamente la ubicación ideológica de 100.000 encuestados del 1 (izquierda) al 10 (derecha). Según el barómetro de Noviembre, esta es la distribución ideológica de los encuestados:

A photograph of a histogram showing the ideological distribution in Spain.
Fuente: Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS).

Una solución se considera derivada de los supuestos expuestos si constituye un equilibrio de Nash. Esto es, dada la distribución ideológica del electorado, las decisiones de voto de los individuos y las posiciones ideológicas adoptadas por los partidos, no existe ningún votante que pueda aumentar su nivel de satisfacción cambiando su voto, y ningún partido que pueda obtener una mayor proporción de votos modificando unilateralmente su ubicación ideológica.

Cabe remarcar que el modelo tiene limitaciones relevantes. Primero, la efectividad de los partidos a la hora de captar votos también depende, en realidad, de su financiación, su infraestructura territorial, y su historia. Segundo, los votantes realmente no sólo votan en clave ideológica, sino también en función de los resultados macroeconómicos del gobierno, o casos de corrupción. Y tercero, la distribución ideológica no tiene por qué moverse en un continuo unidimensional del 1 al 10, sino que puede operar en varias dimensiones como, por ejemplo, ilustra el Diagrama de Nolan.

No obstante, este simple modelo tiene en cuenta mecanismos electorales de notable importancia que pueden arrojar luz sobre las posibles consecuencias de la estrategia de Pablo a corto plazo.

¿Quién ganaría las elecciones generales?

Según este modelo las elecciones generales darían la victoria a una coalición de izquierdas, lo cual no es una sorpresa para el avispado que se haya quedado mirando el gráfico de distribución ideológica anterior. No obstante, la distribución de voto no se parece apenas a la que se maneja en las encuestas o en el Congreso de los Diputados. Hay muchas razones que pueden explicar este desajuste que hemos mencionado antes, como la influencia de los medios de comunicación, los lobbies e intereses económicos, la financiación de los partidos, o la infraestructura de los partidos, factores muy relevantes que ayudarían a los partidos centristas acumular más votos.

A photograph of the simulation's results.
Fuente: Elaboración propia a partir de un código de Python.

¿Puede la inflexibilidad de los votantes más progresistas marcar la diferencia?

Para responder a esta pregunta, corremos el mismo modelo, pero imponiendo que los grupos de votantes ubicados más a la izquierda, sólo apoyan candidaturas que estén muy cerca de su posición ideológica.

A photograph of left-hand side of the ideological distribution in Spain.
Fuente: Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS).

En este caso, la simulación muestra un viraje a la izquierda en la posición de los partidos progresistas, pero la coalición derechista concentraría la mayoría de los votos. Mientras la derecha puede captar voto más distante ideológicamente, la izquierda se ve incentivada a situarse más cerca de sus votantes más inflexibles, lo que genera un déficit de captación de voto en el centro que acaba costando las elecciones. Esto es un claro recordatorio de lo que puede suponer la estrategia de Pablo a corto plazo.

A photograph of left-hand side of the ideological distribution in Spain.
Fuente: Elaboración propia a partir de un código de Python.

El ciclo electoral de 2031

Ahora bien, Pablo nos decía que si dejábamos caer el gobierno actual por un gobierno con Abascal de vicepresidente, podríamos articular una izquierda más valiente desde la oposición. El supuesto sobre el que descansa la estrategia, es que la distribución ideológica de la población necesariamente se desplaza hacia la izquierda cuando la derecha gobierna. Aunque sea cierto que la distribución ideológica de la población española tiende a ser reaccionaria, no hay garantías de que este movimiento se produzca, véase la derechización de la sociedad durante la primera legislatura de Aznar 1996-2000, que acabó otorgando una mayoría absoluta a Aznar en las elecciones posteriores de marzo del año 2000.

A photograph of newly simulated election results.
Fuente: El País.

De hecho, tenemos pistas de lo que puede ocurrir tras un gobierno ultraderechista. Por un lado, en Estados Unidos, Polonia y Países Bajos, ha resurgido un gobierno moderado centrado en la restauración. Por otro, en Italia y Hungría, la ultraderecha se está consolidando en el poder, erosionando las instituciones democráticas, sin turno político a la vista. Sólo en Brasil ha surgido como respuesta un gobierno centrado en el empoderamiento de los trabajadores y la transición ecológica. En resumen, no se observa un patrón generalizado de “izquierdización” tras gobiernos de ultraderecha.

Esto podría deberse a que, la ultraderecha en el gobierno desmantela políticas básicas, acciones muy difíciles de ignorar cuyo deseo de restauración la acaba capitalizando un partido moderado. Porque, por mecánica electoral, resulta más sencillo organizar una oposición en torno a las cuestiones que la unen, que en torno a las cuestiones que la dividen. En definitiva, la ultraderecha en el poder tiene un efecto de reinicio, que nos obliga a pelear por lo básico de nuevo; tierra estéril para una refundación progresista.

A mi juicio, nuestra mejor baza, no es modificar nuestra rigidez electoral, sino incidir directamente en la distribución ideológica de la población. Es decir, entender mejor lo que nos rodea, manifestarse, convencer a aquellos que piensan diferente, o hablar sobre política en una cena de Navidad con invitados que acabas de conocer.

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