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La encrucijada de la izquierda

Por qué el futuro de la izquierda hablará como Rufián y Emilio

La encrucijada de la izquierda Por qué el futuro de la izquierda hablará como Rufián y Emilio Política España Elecciones Izquierda Encuestas Lucien Vargas Giagnocavo

A photograph of Gabriel Rufián, Sara Santaolalla and Emilio Delgado.
Fuente: Eldiario.es.

Seguido por casi 25 mil espectadores en el directo de YouTube, Gabriel Rufián y Emilio Delgado lograron arrebatar el foco del debate público con su acto “Disputar el presente para ganar el futuro”. Los organizadores pidieron a los partidos a la izquierda del PSOE que, en cada provincia, se presente el más fuerte para no dividir el voto y maximizar escaños. Además, insistieron en que dicho espacio debe disputar tanto los temas como los votantes que la extrema derecha domina.

Mucho más interesante es el segundo tema previamente mencionado, pues requiere una refundación ideológica y comunicativa del progresismo. Respecto a este tema, los organizadores ofrecieron algunas citas atrevidas: Rufián dijo que el burka es una “animalada” y Emilio que hay barrios donde los niños no pueden bajar a la calle “por lo que ocurre”. Unas reflexiones que han sentado muy mal en los espacios digitales de la izquierda.

A photograph of some Tweets criticizing Rufian and Emilio's speech.
Fuente: X.

Aunque las redes sociales suelen sobrerrepresentar las fricciones y divisiones, existe una realidad subyacente que justifica seísmos en este intento del progresismo por adaptarse políticamente. Pues, si bien Rufián y Emilio no lograron empapelar sus ideas de manera atractiva para muchos, estas parecen estar motivadas por las dinámicas que explican el retroceso electoral de la izquierda. Trataré de ilustrar esta realidad subyacente a la que me refiero.

El realineamiento de clases

Históricamente, la fortaleza electoral de la izquierda institucional ha bebido de las clases populares y especialmente las rentas bajas. Sin embargo, el reciente auge de la extrema derecha ha logrado, por ejemplo en Estados Unidos o Alemania, revertir esta realidad histórica.

A photograph of some maps shwoing AfD's vote share and lower income Households in Germany.
Fuente: Growth from Knowledge (gráfico a la izquierda), El Orden Mundial (gráfico en el centro) y Roper Center for Public Opinion Research (gráfico a la derecha).

Aquí, en las elecciones de 2023 aún el PSOE aguantaba en sus bastiones históricos de rentas bajas por varios motivos; entre ellos, el penoso marketing político de VOX en estas zonas, obsesionado con reemplazar al PP y su base de votantes acomodados. Una estrategia de marketing personificada en su portavoz parlamentario, Iván Espinosa de los Monteros, procedente de la vieja aristocracia y la tradición liberal-conservadora anglosajona.

Desde entonces, los cabecillas de VOX, Santiago Abascal y su asesor bien remunerado Méndez-Monasterio, han aprendido de sus errores. Posterior a los malos resultados de VOX en las elecciones generales de 2023, invitaron a abandonar el partido a Espinosa de los Monteros, y recientemente a Ortega Smith, para dar protagonismo a Carlos Quero, que logra explotar con extraordinario talento retórico temas como la vivienda, la gentrificación y la precariedad en beneficio de la extrema derecha.

Resulta que los frutos ya se pueden apreciar en los recientes comicios electorales autonómicos de Extremadura y Aragón. Mientras que en 2023 el voto a VOX crecía cuanta más renta, ahora rinde mejor en las rentas más bajas. Por tanto, VOX logra complementar mejor al PP ensanchando el espacio de la derecha, mientras compite directamente por la base electoral del PSOE.

A photograph of polls.
Fuente: Opina360. Extremadura (gráfico a la izquierda) y Aragón (gráfico a la derecha)

En este contexto, la necesaria refundación del progresismo deberá adoptar un lenguaje que manejen los trabajadores del campo y los barrios marginales urbanos. Un lenguaje que incomodará a los ilustrados graduados y profesores de las facultades de ciencias sociales que suelen encabezar las organizaciones políticas progresistas. Empecemos, por ejemplo, por abandonar términos como el neoliberalismo y lucha de clases y hablemos de la compra en el súper. Como bien nos muestra el victorioso Zohran Mamdani: affordability, affordability, affordability. Algo que bien entiende Rufián con su lema: Una familia, una vivienda.

El realineamiento de edades

El trasfondo rebelde del progresismo ha logrado, históricamente, capitalizar el voto de los más jóvenes. Pero recientemente, esta realidad histórica se ha revertido completamente. Según la última encuesta de 40db, VOX es el partido con más intención de voto entre los jóvenes.

A photograph of a poll.
Fuente: 40db para El País

En este sentido, parece razonable pensar que el abandono de VOX del hermético neofranquismo de Ortega Smith para abrazar un deformado y joven trumpismo como el de Carlos Quero tiene algo que ver. Mientras que la izquierda se vende como salvavidas de los existentes servicios públicos y el Estado del Bienestar, VOX promete una revolución cultural y el derrocamiento del globalismo.

Es hora de retomar la bandera de la rebeldía mediante contenido programático que, como plantea Emilio, tenga como objetivo un salto cualitativo de calidad de vida como el que dieron nuestros abuelos o nuestros padres; el bono cultural o la reducción de la jornada laboral de 30 minutos se queda corto.

La división de género

Por último y no por menor importancia, falta el elemento más obvio de todos. El bastión más fuerte de la extrema derecha se encuentra en los hombres. La división de género es especialmente espectacular en los jóvenes.

A photograph of a poll.
Fuente: 40db para El País

Aquí la izquierda feminista se enfrenta a una paradoja: la necesidad de erradicar la masculinidad tóxica y al mismo tiempo la necesidad de cosechar el voto masculino. Pondré un par de ejemplos de discursos que no reconocen en absoluto esta tarea dual. Decía Manuela Carmena: “la violencia está incardinada en el ADN de la masculinidad”. O afirmaba Irene Montero: “Decir “todos los hombres son violadores en potencia” es señalar que la violencia machista es estructural y no un caso aislado…”.

Simpatice uno o no con este tipo de declaraciones, un discurso político debería evaluarse no solo por su grado de verosimilitud sino también por sus efectos electorales. Si este discurso acaba con hombres abandonando la izquierda y facilitando el mayor asalto legislativo contra las mujeres en la historia reciente, pues evidentemente no es un discurso fructífero o deseable desde el punto de vista feminista.

En definitiva, las demografías que necesita recuperar la izquierda son las rentas bajas, los jóvenes y los hombres. Y por eso, Emilio, un tío cachas del sur de Madrid, y Rufián, un rojo que habla claro, despojándose de los códigos de corrección política hasta ahora hegemónicos en la izquierda modernita, han sido capaces de cosechar inesperadamente algo de ilusión, un sentimiento en peligro de extinción en la izquierda española.

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