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La espiral de la muerte

Remedios posibles para un fallo de mercado

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A photograph of the TV series Collapse.
Fuente: Radio Televisión Española.

El fin de semana pasado, hablé con un amigo sobre política española. Cuando te rodeas de economistas, es difícil hablar de política y no terminar hablando de economía. Él señaló correctamente que las buenas cifras de crecimiento del PIB de España son centrales en el argumentario del principal partido en el poder. Además, simpatizando con algunos progresistas de nuestra época, añadió que el crecimiento del PIB es una obsesión poco saludable.

Y bueno, esto es cierto desde una perspectiva medioambiental: cuanto más producimos dadas las tecnologías existentes, más emisiones lanzamos a la atmósfera, más se calienta el clima y más frecuentes se vuelven los fenómenos meteorológicos extremos. Además, estos fenómenos climáticos golpean más duramente a los pobres, la vena yugular de las preocupaciones progresistas.

Sin embargo, sostengo que la clave aquí no es cuantitativa, sino cualitativa. No se trata de producir más o menos, sino de conseguir que la producción sea limpia. Si queremos desvincular el crecimiento económico de todos estos impactos ambientales negativos, debemos apoyarnos en un conjunto completamente distinto de tecnologías. Algunas de estas tecnologías limpias ya existen: paneles solares, turbinas eólicas o almacenamiento de energía. Pero muchas deben ser inventadas o mejoradas significativamente: sustitutos del cemento, o las hasta ahora fracasadas tecnologías CAC ¿Cómo fomentamos esta revolución tecnológica?

Los problemas

Como hacen la mayoría de los economistas, voy a teorizar a través de un modelo para disciplinar mis argumentos y entender la problemática en cuestión. Voy a asumir que te importa fundamentalmente tu consumo y que eres lógicamente consistente. Además, te dejo que compres la combinación que quieras, dentro de tu presupuesto, de un producto limpio (no contaminante) y uno sucio (contaminante). Ahora, aquí va mi predicción: comprarás más producto limpio si es más barato que el sucio, siempre y cuando el limpio pueda reemplazar suficientemente la función del sucio.

Si te parece razonable esta predicción, podemos acordar que surgen dos problemas cuando tratamos de ecologizar la producción: los productos limpios son demasiado caros comparados con los sucios, y/o los productos sucios tienen cualidades que los limpios aún no pueden reemplazar. La elección entre un coche de combustión y un vehículo eléctrico es un buen ejemplo: a) los vehículos eléctricos son más caros, b) los vehículos eléctricos no logran reemplazar totalmente las funcionalidades del coche de combustión debido a su limitada autonomía máxima y a la escasa infraestructura de carga.

Voy a añadir más complejidad al modelo para ilustrar otros mecanismos en juego. En lugar de imponer simplemente que el producto limpio sea más caro que el sucio, voy a dejar que empresas maximicen beneficios eligiendo precios e inversión. Estas empresas producen tanto productos sucios como limpios. Asimismo, voy a asumir que las empresas tienen cierto poder de mercado, lo que les permite acumular beneficios que pueden reinvertir en Investigación y Desarrollo (I+D) limpio o sucio, lo cual reduce sus costos de producción de los productos limpios y sucios, respectivamente.

Si este planteamiento te parece razonable, observa la aparición de un bucle de retroalimentación que formalizaron el Premio Nobel de Economía de 2025 y el de 2024. Dado que el mercado del producto sucio es más grande inicialmente, el retorno de invertir en I+D sucio es mayor. La mayor inversión en I+D sucio reducirá el costo del producto sucio en el futuro. A su vez, el aumento de tu demanda por el ahora más barato producto sucio incentivará a las empresas a invertir en más I+D sucio en el futuro, reduciendo el costo del producto sucio indefinidamente, una peligrosa espiral de la muerte.

Las soluciones

Bien, ¿qué políticas pueden sacarnos de este lío? Los economistas han propuesto tradicionalmente gravar (poner un impuesto sobre) el producto sucio por sus emisiones de carbono, en la medida en que las emisiones de carbono dañan a la sociedad. Como resultado, esto haría que el producto sucio fuera más caro, desencadenando aumentos en tu demanda del producto limpio. Al mismo tiempo, este aumento en el tamaño del mercado del producto limpio incrementa los retornos del I+D limpio. Además, nótese que el daño social producido por las emisiones de carbono aumenta conforme emitimos más: cuanto más caliente es el clima, más dañinos son los aumentos de temperatura. Por tanto, el impuesto óptimo aumentaría con el tiempo hasta el punto en que contaminar resulte demasiado caro, llevando el precio del producto sucio a niveles extremadamente altos. Llegados a ese punto, no tendrás otra que gastar todo tu dinero en el producto limpio.

Una solución complementaria es un subsidio directo al I+D limpio. Este subsidio se fijaría lo suficientemente alto como para sea más rentable para las empresas invertir en I+D limpio, y se mantendría hasta que sea más rentable invertir en I+D limpio incluso en ausencia del subsidio. A medida que las empresas innovan para producir el producto limpio de forma más eficiente, el producto limpio eventualmente será más barato que el sucio. En consecuencia, comprarás más y más del producto limpio, lo que a su vez da a las empresas un mayor incentivo para seguir invirtiendo en investigación limpia, una espiral conveniente.

En última instancia, quería ilustrar dos dimensiones de política económica que hacen posible el crecimiento limpio: encarecer relativamente los productos sucios y fomentar la innovación en productos limpios. En un mundo dividido en decenas y decenas de jurisdicciones nacionales, cada una con distintos climas y niveles de desarrollo económico, numerosos obstáculos oscurecen la forma en que debemos abordar cada palanca de política de manera eficiente, eficaz, justa y viable. Por lo tanto, nuestra energía analítica debería canalizarse en evaluar y garantizar el éxito en este sentido, en lugar de dar por sentado el colapso.

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